Ciudad de México
A cien días de que ruede el balón en la edición 23 de la Copa del Mundo que organizarán de manera conjunta México, Estados Unidos y Canadá, el brillo del trofeo más codiciado del futbol mundial iluminó este martes Palacio Nacional, publica esta mañana el diario El Universal.
Al término de la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo recibió la Copa del Mundo como parte del tour que realiza por los países anfitriones. El ambiente cambió por unos minutos: de las preguntas pasó a un ambiente mundialista, consigna la crónica del periodista Salvador Corona.
El encargado de entregar el trofeo fue José Roberto Gama de Oliveira, mejor conocido como Bebeto, campeón con Brasil en 1994. Fue el primero en tocar la copa —reservada para quienes han sido campeones del mundo o para los jefes de Estado de los países sede— y, fiel a la memoria colectiva del futbol, la arrulló como si fuera un bebé, replicando la celebración que inmortalizó hace tres décadas, describe el comunicador.
A petición de los organizadores, la mandataria mexicana cargó el trofeo y lo alzó en señal de triunfo, arrancando aplausos entre los asistentes, y algunos medios de comunicación alternativos.
Además, recibió 25 boletos destinados a campeones del futbol social que organiza México, así como un obsequio enviado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino: una copa en miniatura y una bufanda conmemorativa.
La escena también sirvió como plataforma para destacar el papel de México como anfitrión por tercera ocasión en la historia, un hecho inédito a nivel mundial.
Louis Balat, presidente de Coca-Cola México, subrayó el orgullo de que el país vuelva a ser sede y afirmó que la gira del trofeo —que recorrerá 10 ciudades con experiencias gratuitas— busca llevar la fiesta más allá de los estadios.
“Como mexicano, me llenó de orgullo saber que por tercera ocasión seremos locales. Ningún otro país del mundo puede decir eso. Solo México”, expresó. Añadió que el objetivo es que el Mundial se viva en plazas, calles y comunidades, y que la celebración sea incluyente y cercana a la gente.
Balat también destacó que el trofeo llegó procedente de Guadalajara como parte de la ruta nacional, y sostuvo que el Mundial representa una oportunidad para que la región de Norteamérica se encuentre a través del futbol, comparta emociones y proyecte una imagen de fortaleza y unidad.
Con el trofeo ya en suelo capitalino y la cuenta regresiva en marcha, la estampa de la Copa en Palacio Nacional dejó una postal simbólica: México se prepara, una vez más, para mostrarse ante el mundo con balón al centro y silbatazo por venir, remata la crónica de Corona.