CONTRADICCIONES

“El problema no es cambiar de opinión, el problema es negar que se cambió”

En campaña, en 2024, Claudia Sheinbaum fue categórica: no al fracking, lo presentó como una línea ética, ambiental y política, era una frontera clara entre lo que se hacía antes y lo que no se volvería a hacer, lo criticó hasta el cansancio, el fracking no solo era una técnica cuestionable, era un símbolo de dependencia y de un modelo energético agotado.

Dos años después, esa línea desapareció.

Hoy, el fracking ya no es un problema, es una necesidad y se presenta como una herramienta para alcanzar la llamada soberanía energética y ahí aparece la primera contradicción: lo que antes era inaceptable, hoy es indispensable.

Porque el cambio no se explica como un error de diagnóstico, sino como una evolución natural, tal como si nunca hubiera existido ese rechazo frontal, como si la realidad no hubiera obligado a corregir el discurso.

La segunda contradicción está en los datos.

México consume cerca de 9,000 millones de pies cúbicos diarios de gas, pero produce apenas 2,300 millones, es decir, dependemos en un 75% del gas importado, principalmente de Estados Unidos.

Pero el fracking no resuelve eso en el corto plazo, las proyecciones hablan de alcanzar entre 5,800 y 8,300 millones de pies cúbicos diarios hacia 2035, es decir, la solución que hoy se presenta como urgente es, en realidad, una apuesta a diez años.

Entonces la contradicción es evidente: se vende como solución inmediata algo que no lo es.

La tercera contradicción es más profunda.

Aunque el gas esté en territorio nacional, la tecnología para extraerlo no lo está, la infraestructura, el conocimiento y la experiencia siguen en manos externas, es decir, incluso si México logra producir más, seguirá dependiendo de otros para hacerlo posible.

Y entonces la pregunta se vuelve inevitable: ¿eso es soberanía o solo cambiar la forma de depender?

Pero hay una contradicción todavía más incómoda.

Se prometió soberanía energética como si fuera sinónimo de independencia total, como si el país pudiera desconectarse del mundo, como si bastara con producir más para dejar de depender.

Eso ya no existe.

En un mundo globalizadoningún país es completamente autosuficientetodos dependen de algo: tecnologíacapitalmercados o recursos, la verdadera soberanía no está en no depender, sino en entender esas dependencias y administrarlas con inteligencia.

En campaña la presidenta Sheinbaum prometió independencia y lo que hoy está proponiendo es interdependencia.

Y no son lo mismo.

Es entendible que el gobierno haya cambiado de postura, lo que no es entendible, es que siga usando el mismo discurso como si nada hubiera cambiado.

El fracking no es el escándalo, la contradicción tampoco, el verdadero problema es insistir en una narrativa que ya no corresponde con la realidad.

Porque cuando el discurso se sostiene sobre algo que no existe, el costo no es técnico. Es político.

Y tarde o temprano, esa contradicción no se mide en producción, es mide en confianza.

POSDATA

“… es evidente que los demócratas no respaldaran a los candidatos republicanos de Trump en noviembre 2026, pero la ofensiva de Trump contra el Papa León XIV, podría generar católicos ofendidos dentro de los mismos republicanos …”  

Es tiempo de los ciudadanos …. ¡¡¡¡ que aceptamos cuando corregimos!!!!

​​​​​​​​​Abelardo Pérez Estrada 

Empresario, Analista, Expresidente CANACINTRA