Morelia, Michoacán/Por: Asaid Castro/ACG

Mientras decenas de miles de personas caminaban hacia el Estadio Akron con la ilusión de ver rodar el balón en el reciente Mundial 2026, el fotógrafo michoacano Iván Villanueva avanzaba en dirección contraria.

Su torneo no estaba detrás de un boleto inaccesible ni dentro de las gradas: estaba en las banquetas de Guadalajara, entre familias enteras vestidas con camisetas de distintos países, aficionados pintados de pies a cabeza, vendedores ambulantes, turistas perdidos y manifestaciones que se abrían paso entre la fiesta futbolera.

Ahí estaba la historia que Iván tenía que contar. Para el reportero gráfico, la cobertura mundialista significó documentar aquello que millones de personas suelen pasar por alto.

Mientras los ojos del planeta apuntaban hacia el césped, él debía encontrar las imágenes que explicaban todo lo que ocurría alrededor de la cancha. Una labor que culminó justo el día en que la participación de la Selección Mexicana llegó a su fin en la Ciudad de México, tras aquella noche triste y el revés de 3 a 2 ante Inglaterra.

“Justo estaba viviendo el Mundial como lo estaba viviendo la mayoría de los mexicanos. Los boletos estaban a precios muy altos; la realidad es que la mayoría de las personas no se pudo dar ese lujo. Era retratar a las familias, a la gente caminando, el Mundial que realmente vivía la gente”, recuerda Iván.

La asignación no era un asunto menor. Llegar a una de las coberturas más exigentes de su carrera implicaba responder al alto nivel que caracteriza a una agencia internacional de la talla de Reuters. No se trataba de una labor sencilla, sino de una estructura rigurosa que demandaba mantener la mirada fija en los márgenes del espectáculo, ahí donde la fiesta mundialista se mezclaba con la rutina cotidiana, entregando material con una precisión impecable mientras el juego corría en tiempo real.

Tres editores, una sola cabeza

Durante varios días su teléfono no descansó. La presión real no venía del gentío, sino de la exigencia técnica y creativa de coordinarse con tres editores distintos para tres ramas completamente diferentes de la fotografía: noticias del día a día, asignaciones específicas para deportes y un proyecto documental a largo plazo. Había jornadas extenuantes donde apenas terminaba de enviar un corte cuando ya recibía una nueva instrucción de la mesa de edición.

“Tenía que dividir mi cabeza y mi creatividad en tres partes. Había días con un solo editor, otros con dos, y otros donde trabajaba para los tres. Todo era coordinación: avisar dónde estabas, enviar cortes, si sale algo más avisas y vuelves a enviar. Es estar siempre pendiente del celular. A ninguno de los tres le podía fallar o quedar mal”.

La cobertura lo llevó a recorrer prácticamente toda Guadalajara: el estadio, los campos de entrenamiento, el FIFA Fan Fest y, finalmente, el viaje de refuerzo a la Ciudad de México para documentar el último suspiro del tricolor. Aunque las jornadas implicaron lidiar con tormentas continuas y la constante preocupación por proteger el equipo bajo la lluvia, Iván rechaza la vieja creencia de algunos colegas que catalogan al periodismo como “la parte sucia de la fotografía” o que prefieren centrar el mérito en el sufrimiento del reportero.

“Luego sí falta que se valore esa parte estética de nuestro trabajo. Al final de cuentas, estamos preservando la historia a través de las imágenes. Yo prefiero que la gente valore la fotografía por su calidad técnica y visual, más que por qué tanto sufriste para conseguirla”.

El grito de la calle: entre la fiesta y las ausencias

Para Iván, retratar el entorno del Mundial no significó evadir la cruda realidad del país, sino documentar cómo ambas facetas coexistían en el mismo espacio público. Mientras las pantallas gigantes proyectaban los partidos y las corporaciones policiacas resguardaban los Fan Fests rodeados de fiesta, la calle también se convirtió en un altavoz de dolor y resistencia.

El júbilo futbolístico chocó de frente con las demandas sociales que no se detuvieron por el torneo. Una de las imágenes más potentes capturadas por el lente de Iván retrata un balón de fútbol tricolor, colocado sobre un memorial urbano, intervenido con pintura blanca y letras negras donde se lee una dolorosa verdad:

Campeón en desaparición”, flanqueado por la cifra “+130,000” y las pancartas en inglés y español de las madres buscadoras que exigían justicia frente a las miradas internacionales.

“Me sentí feliz por ver un país que dejó de lado por un momento esa polarización que existe, una sociedad que necesitaba un desahogo de tantas cosas malas que pasan”, reflexiona Iván sobre la atmósfera en las calles. “Pero también me marcó que no se dejaron de lado las demandas que existen en el país. La gente salió a levantar la voz. Quienes iban a ver el partido también empatizaban con las exigencias de las demás personas”.

Dominar la técnica para tomar la foto

A sus 32 años y con casi una década dentro del fotoperiodismo, desde que inició en la prensa local por allá de 2016, Iván insiste en que una buena imagen no depende únicamente de las herramientas. Aunque para esta cobertura cargó una Sony A7 V como cámara principal, una Sony FX6 para video y ópticas de alta gama que le facilitaron trabajar con sensibilidades altas de noche y sin ruido, asegura que el equipo es un apoyo que jamás sustituye la intuición detrás del visor.

“El equipo sí te tira paro, sin duda, te facilita cuestiones de enfoque y ráfagas más rápidas, pero tampoco es que lo haga todo. Lo que busco es dominar la técnica para tener la libertad de experimentar y que la imagen diga exactamente qué estaba pasando. Si había tristeza, que la fotografía transmita tristeza. Si había alegría, que también la transmita. Busco gestos, detalles y muchas emociones en los rostros; capturar qué estaba sintiendo esa persona en ese momento”.

Esa misma autoexigencia es la que lo llevó a integrarse a Reuters tras su paso por la Agencia EFE. Lejos de ver el entorno como una competencia intimidante frente a fotógrafos de contratos fijos que cargan con coberturas de Juegos Olímpicos en la espalda, Iván asumió el reto con el empeño de quien sabe que el nivel de la agencia te empuja a perfeccionarte diariamente.

Quizá por eso, el mayor recuerdo que conserva de aquellas semanas de labor extenuante no es el registro de un marcador ni el desgaste del viaje. Es la certeza de haber retratado un México en transición.

“Me dejó muy feliz ver un México distinto”, concluye Iván, recordando cómo el espacio público se transformó temporalmente en un punto de encuentro donde el encono diario se disipó entre la euforia de los goles, pero donde la memoria y el grito de justicia de las madres buscadoras recordaron que el país real seguía latiendo en la acera.

Retrato Asaid Castro/ACG
Fotos:
Cortesía Iván Villanueva (Reuters)