David Pablos estrena una cinta que explora el deseo y la violencia en la frontera norte. Ya disponible en cines nacionales.

Osiris Olachea / La Voz de Michoacán

El cineasta mexicano David Pablos (reconocido por obras como Las elegidas y El baile de los 41) regresa a las salas cinematográficas con En el camino, una producción que se adentra en las venas de la red carretera del norte de México para explorar las texturas de la masculinidad, las adicciones, el crimen organizado y el amor periférico.

Luego de su paso por el 23 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), donde obtuvo los premios a Mejor Fotografía de Largometraje Mexicano para Ximena Amann y el Ojito a Mejor Actor de Largometraje Mexicano para Víctor Miguel Prieto, la cinta finalmente llega a las carteleras de todo el país para contar la travesía de Veneno, un vagabundo envuelto en un pasado turbulento que subsiste en las cachimbas, y Muñeco, un chofer reservado que transporta un cargamento por el norte de México. Lo que inicia como un viaje de trabajo se transforma en un lazo íntimo amenazado por la latente sombra de la violencia.

En entrevista con La Voz de Michoacán, Pablos detalla cómo transitó el universo trailero para filmar una historia de amor inusual en un contexto históricamente hostil y machista.

La carretera como radiografía nacional

Para el realizador, adentrarse en el universo de los transportistas implicaba, de forma inevitable, cruzar fronteras temáticas complejas. Las adicciones derivadas de extenuantes jornadas laborales, el asedio del crimen organizado y los encuentros sexuales en los márgenes de las rutas forman parte del cotidiano de los personajes.

"Los traileros son una ventana a lo que ha sucedido en el país con respecto a la inseguridad y a la violencia. Ellos lo viven en su cotidiano. Si alguien puede contar la historia de cómo el país ha estado colapsando estos últimos años, son ellos. Pero el corazón de la película es la intimidad y la relación amorosa entre dos hombres en un contexto que en sí mismo es muy machista y hostil", explica Pablos.

El cineasta comparte que la idea nació tras coincidir por azares del destino en un taller mecánico de camiones pesados, donde la interacción de los conductores le reveló de inmediato la potencia de la historia que quería filmar.

Desmitificar la representación homosexual en el norte

Frente a las representaciones tradicionales o hasta caricaturizadas de la diversidad sexual en el cine latinoamericano, En el camino apuesta por personajes complejos cuyas carencias y dolores resuenan entre sí, donde sus preferencias sexuales no son lo que los define, sino sus vivencias, lo que les atormenta y lo que los hace humanos.

Por un lado, Veneno es un joven que busca mitigar a través de sus encuentros el anhelo y la herida de una figura paterna ausente, mientras que Muñeco es un hombre cuya adicción enmarca una soledad profunda y una necesidad urgente de contacto humano y escucha.

"A mí algo que me interesa mucho es mostrar otras formas de ser homosexual, salirme de las casillas y hablar del norte; cómo es la diversidad en otros contextos que no suelen retratarse", señala el director. La premisa se asienta sobre dos hombres que, de distintas maneras, huyen de sus demonios y pasados.

La cámara como lupa del pensamiento

Una de las características más potentes del largometraje radica en su manejo de los silencios y las miradas por encima de las líneas de diálogo escritas. Pablos abordó esto con un principio claro hacia su elenco:

"Siempre le digo a mis actores que la cámara es una lupa que lee el pensamiento y a la cámara no se le puede mentir. No hay necesidad de verbalizar o ilustrar algo; la cámara percibe el más mínimo gesto y lo amplía. El actor habla con la mirada."

El horror normalizado y el "diablo de la barra"

Filmada en locaciones de Ciudad Juárez, la cinta cuenta con un reparto integrado por actores originarios de la zona. Esta inmersión influyó de manera directa en cómo se plasmó la inseguridad en la pantalla, alejándose de los tiroteos gráficos para centrarse en una atmósfera de amenaza constante.

Pablos confiesa su preocupación y fascinación al notar cómo sus actores juarenses relataban crímenes atroces con absoluta naturalidad en el set, un reflejo de la violencia normalizada en el país. Debido a esto, optó por trabajar el peligro mediante metáforas visuales.

El realizador destaca dos imágenes clave que se entrelazan en el montaje: la carretera nocturna devorada por una oscuridad absoluta donde los faros apenas iluminan el limbo, y un enigmático hombre vaquero envuelto en penumbras en la barra de un bar: "Es como una especie de materialización del mal o del acecho del que no se puede escapar. El diablo que está presente en todos lados", concluye.

“En el camino” ya se puede disfrutar en las salas de cine del país, un viaje cinematográfico imperdible sobre la vulnerabilidad masculina en entornos de alta hostilidad.