TRANSFORMANDO
“39 días celebrando partidos,
Pero de futbol.”
La borrachera duró 39 días.
Comenzó el 11 de junio en el Estadio Azteca y terminó el 19 de julio en Nueva York–Nueva Jersey, fueron 39 días de camisetas, goles, reuniones, esperanza y una sensación de pertenencia que pocas cosas consiguen provocar en este país.
Durante ese tiempo, los mexicanos volvimos a sentarnos en la misma mesa.
Durante días en la misma mesa pudimos discutir una alineación, cuestionar una estrategia, reclamar un cambio o defender a un jugador, pero no nos levantábamos para agredirnos, nadie era traidor a la patria por preferir otro delantero ni enemigo del pueblo por criticar al entrenador.
Incluso los días en que México no jugaba, seguíamos compartiendo la mesa, podíamos apoyar a selecciones distintas, celebrar goles contrarios y discutir quién llegaría a la final, cuando terminaba el partido, continuábamos platicando, comiendo y conviviendo, la diferencia no significaba ruptura y la discusión no terminaba en odio.
No importaba si alguien era de izquierda o de derecha, si apoyaba a Morena, al PAN, al PRI o ya no creía en ninguno, tampoco importaba la clase social, la ciudad, el apellido o el tamaño de la cuenta bancaria, durante unas semanas todos tuvimos el mismo origen, la misma camiseta y una alegría compartida.
Hasta la violencia pareció bajar el volumen, junio cerró con un promedio de 45.4 homicidios diarios, el menor nivel mensual en doce años, no puede afirmarse que la delincuencia organizada haya decretado una tregua mundialista, ni que el futbol explique por sí mismo la reducción, pero durante algunos días las estadísticas también nos permitieron imaginar que el país podía descansar de sí mismo.
La política igualmente se tomó una pausa, la oposición bajó el tono, los partidos dejaron de pelear por cada micrófono y el PAN brilló por su ausencia, el gobierno intentó aprovechar el escaparate, pero tampoco pudo apropiarse completamente de la alegría, la camiseta nacional no pertenecía a Morena, a la oposición, ni a la presidenta, era de todos, era nuestra.
Hasta Donald Trump pareció concedernos una tregua relativa, durante el Mundial evitó abrir un nuevo frente contra México y, una vez terminada la competencia, regresó a su conocida política de amenazas comerciales, esta vez con aranceles de 50 por ciento contra una amplia lista de productos canadienses.
La fiesta terminó y comenzó la cruda.
Los problemas nunca desaparecieron, la violencia no se fue, los desaparecidos no regresaron, la corrupción no pidió vacaciones y nuestras diferencias ideológicas no se resolvieron, simplemente volteamos hacia otro lado, porque durante 39 días tuvimos una razón más poderosa para encontrarnos que para dividirnos.
Ahora debemos volver al país real, al país donde quien piensa distinto deja de ser interlocutor y se convierte en adversario, al país donde la política necesita enemigos para mantener movilizados a sus simpatizantes y donde la discusión pública se parece cada vez menos a una conversación y cada vez más a una pelea.
Lo lamentable es que este fenómeno prácticamente solo lo consiguen nuestros deportistas, ellos nos unen, nos dan motivos, nos hacen creer y nos permiten discutir sin olvidar que venimos del mismo lugar, logran algo que los políticos no han podido hacer durante décadas, sentarnos en una misma mesa, reconocer nuestras diferencias y mantenernos juntos cuando termina la discusión.
El Mundial no resolvió nada, pero demostró algo fundamental, México todavía sabe convivir sin destruirse.
La tranquilidad que me queda es que volveremos a verlo, pero no será en 2027, durante las elecciones intermedias, cuando los partidos volverán a dividirnos entre buenos y malos, patriotas y traidores, pueblo y enemigos del pueblo.
Será en el 2030, pero no por la elección presidencial, sino porque volverá el mundial, porque, desafortunadamente, en México todavía nos une más un deportista que un “líder”.
POSDATA:
“… Mientras discutimos la resaca del Mundial, el reloj del T-MEC sigue corriendo. La revisión anual ya no es una posibilidad, es la nueva realidad. El verdadero partido económico apenas comienza y ese sí se juega todos los días…”
Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡¡con resaca!!!!
El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA Michoacán.