Ese “por ti” de amor se trasfigura en un “por ti” transformador del mundo: “¡Por ti, bella Mariana! ¡Por ti lo puedo todo! El mundo entero si me mandas / te lo pongo de otro modo”.
Hay en Óscar Chávez otro modo de la sensibilidad amorosa muy diferente al modelo del amor melodramático. La canción “Por ti” se vuelve el otro himno del amor en la cultura mexicana contemporánea, un himno también furtivo, de belleza romántica y que, sin todo el aparato de difusión televisiva, con los años ha conquistado un lugar relevante en una sensibilidad social muy diversa.
Un padecimiento del amor que escapa de lo cursi y melodramático sin dejar de sufrir, con acentos más trágicos que redentores: “Por ti, la ternura se niega conmigo. / Por ti, la amargura me sigue y la sigo… / Por ti, el mar es la locura del cielo… / Por ti el infierno es amor tan eterno, el infierno es amor…”.
Confirman a este cantor de una forma del amor, más trágico que melodramático, las interpretaciones de boleros clásicos como “Perdón” (Pedro Flores) o “Flor de azalea” (Manuel Esperón / Gómez Urquiza): la vida que en su avalancha nos arrastra por igual.
Mención aparte requieren temas del propio Óscar Chávez, como la ya mencionada “Por ti” o “Quiero queriendo”: un letrista medido y discreto que ataca de manera contundente la tragedia amorosa del adiós; “viva la vida, muera la muerte, yo ya me voy”.
Ese “por ti” de amor se trasfigura en un “por ti” transformador del mundo: “¡Por ti, bella Mariana! ¡Por ti lo puedo todo! El mundo entero si me mandas / te lo pongo de otro modo”. Es indudable que uno de los momentos políticos más importantes del canto de Óscar Chávez fue el 28 de marzo de 2001. El EZLN subía a la tribuna de la Cámara de Diputados.
Al salir del recinto, los zapatistas le piden a Óscar Chávez que cante “La Mariana”: el mundo estaba de otro modo y parecía que se abría una puerta para el diálogo y la reconciliación en Chiapas. No fue así, otra vez por la “traición de los gobiernos” a los Acuerdos de San Andrés, pero Óscar Chávez era ya el cantor furtivo de nuestras grandes transformaciones sociales y políticas.
Gustavo Ogarrio