Transformando
“Nos decimos orgullosamente mestizos, pero mientras el origen siga definiendo oportunidades, la igualdad seguirá siendo una deuda.”
Durante generaciones, cada 12 de octubre aprendimos a decir Día de la Raza, después el nombre cambió y en México se convirtió oficialmente en el Día de la Nación Pluricultural, cambió la conmemoración, cambió el lenguaje, pero hay una pregunta que sigue pendiente, ¿cambió realmente la forma en que nos tratamos?
La discusión suele quedarse atrapada en 1492, en si debemos celebrar, condenar o reinterpretar la llegada de los españoles a América, pero quizá el debate más útil no está hace cinco siglos, sino en el México que construimos todos los días.
Somos un país que presume con orgullo su mestizaje, sus pueblos originarios, sus comunidades afromexicanas, sus lenguas y sus tradiciones, sin embargo, la diversidad que celebramos en los discursos todavía se convierte con demasiada frecuencia en desigualdad en la vida cotidiana.
La Encuesta Nacional sobre Discriminación 2022 del INEGI encontró que 23.7% de los mexicanos mayores de 18 años declaró haber sufrido discriminación durante los doce meses anteriores, entre la población indígena de 12 años y más, 71.5% consideró que las personas indígenas son poco valoradas por la mayoría de la sociedad, además, 26.9% de la población indígena mayor de edad manifestó que alguno de sus derechos le había sido negado injustificadamente durante los cinco años previos.
Hay un dato todavía más duro, de las personas indígenas de 12 años y más a quienes les fue negado algún derecho, 92.6% no lo denunció ante ninguna autoridad, entre quienes guardaron silencio, 43.8% pensó que no le harían caso o que denunciar sería una pérdida de tiempo.
Entonces, ¿de qué sirve cambiar el nombre de una fecha si no cambiamos esas realidades?, ¿de qué sirve presumir nuestras raíces si hablar una lengua indígena, tener determinado tono de piel o pertenecer a una comunidad todavía puede convertirse en una desventaja para conseguir empleo, recibir atención o ejercer un derecho?
No necesitamos resolver hoy si Cristóbal Colón debe ser héroe, villano o personaje histórico, o si recibimos de España las disculpas por la conquista, necesitamos resolver algo mucho más cercano, si en el México de 2026 el origen de una persona sigue determinando las oportunidades que tendrá.
Reconocer nuestra historia importa, pero reconocer nuestras contradicciones importa más, porque el racismo y la discriminación rara vez se presentan diciendo su nombre, aparecen en la contratación, en el trato, en el acceso a servicios, en la burla, en la sospecha automática y en esa frase tan mexicana de “yo no discrimino, pero…”.
También existe una contradicción incómoda, México convierte su diversidad en motivo de orgullo cuando habla de gastronomía, artesanías, lenguas o tradiciones, pero esa misma diversidad no siempre recibe el mismo respeto cuando se presenta en una solicitud de empleo, en una escuela, en una oficina pública o frente a una autoridad.
Celebramos la diferencia cuando adorna nuestra identidad nacional, pero todavía nos cuesta aceptarla cuando exige igualdad de trato.
Ahí debería estar la conversación de este 12 de octubre, no en decidir quién ganó una discusión ocurrida hace más de quinientos años, sino en preguntarnos qué estamos haciendo nosotros con el país que heredamos.
Podemos modificar monumentos, discursos y nombres oficiales, pero si una persona sigue teniendo que demostrar más por su origen, su apariencia o su comunidad, habremos cambiado los símbolos sin cambiar el problema.
Porque podemos llamarnos mestizos, pluriculturales o multiétnicos, pero mientras el origen siga abriendo puertas para unos y cerrándolas para otros, podremos presumir diversidad, pero todavía no podremos presumir igualdad.
POSDATA:
La discusión del Presupuesto 2027 mostrará las verdaderas prioridades del gobierno, porque los discursos prometen, pero el presupuesto decide quién recibe recursos y quién vuelve a esperar.
Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡¡Mexicanos!!!!
El autor es empresario, analista y expresidente de la Canacintra.