Asaid Castro/ACG – Morelia, Michoacán

Será por el desuso o porque nadie los molesta, lo cierto es que donde antes hubo médicos y pacientes, ahora la fauna local encuentra refugio entre el pavimento roto y las paredes desgastadas del antiguo Hospital Infantil de Morelia.

Un gato güero recibe la mirada desde las baldosas agrietadas, tranquilo, mientras el follaje comienza a cubrir los pasillos de los viejos consultorios. Unos metros más allá, un roedor de lomo tupido posa erguido sobre una banca de madera, rodeado de pastizales crecidos.

Afuera, junto a los muros pintarrajeados y las rejas que cierran el paso, un cartel infantil con dibujos de animales permanece junto a una cubeta y un trapeador abandonados. En la entrada, botes de plástico y platos de unicel con agua dejan ver que algunos vecinos siguen procurando a los animales.

Poco queda del ir y venir de urgencias: una estampa de la Virgen pegada en una ventana, sostenida apenas por cintas, y el letrero que anuncia la entrada de personal recuerdan el uso de un edificio donde hoy la maleza y los animales ocupan el lugar.

El Hospital Infantil “Eva Sámano de López Mateos” fue construido por la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia, con fondos de la Lotería Nacional e inaugurado el 10 de mayo de 1963.

Una historia en los años recientes del antiguo nosocomio es la de “Lobita”, una perrita que convirtió los jardines y pasillos del hospital en su hogar. Consolaba a los pequeños pacientes, a sus familias y al personal médico.

Su reciente fallecimiento dejó un huella profunda en los morelianos que la adoptaron a la distancia y con el corazón.