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Editorial | En Michoacán, el Frankenstein electoral: lo inimaginable posible

FUENTE: Acueducto / Editorial / Redacción

Editorial | En Michoacán, el Frankenstein electoral: lo inimaginable posible

Sin duda, la disputa por la gubernatura de Michoacán en 2027 evidencia que a los círculos rojos les importa más el poder que nada. La ruptura del PT con Morena y el avance solitario de Movimiento Ciudadano abren la mera posibilidad de una contienda con cinco opciones. De concretarse, ese escenario fragmentaría el voto de una ciudadanía hasta de los mismos rostros de siempre.

Esta inédita dispersión surge por la fractura de la izquierda tradicional, el auge del movimiento independiente y una tradicional oposición. De ahí que en la boleta electoral podrían perfilarse Carlos Torres Piña, de Morena, Alfonso Martínez Alcázar, del PAN/PRI; Raúl Morón Orozco, del PT; Grecia Quiroz García, del Movimiento del Sombrero; y, la misteriosa postulación en solidario del Movimiento Ciudadano.

Ese Frankenstein electoral demostraría que el bloque morenista es incapaz de mantener la unidad cuando el poder está en juego. Mientras tanto, la oposición tradicional se atrinchera en sus privilegios urbanos, mendigando alianzas para no desaparecer del mapa político. En medio del caos, el auge independiente crece alimentando por la legítima marginación social hacia unas siglas partidistas venidas a menos.

El drama de la inseguridad, que azota despiadadamente al 67 por ciento de las y los michoacanos, será usado otra vez como corriente bandera electoral. Las regiones pintadas de rojo recibirán promesas recicladas y discursos huecos diseñados en escritorios ajenos a la triste realidad. Quienes hoy piden el voto desde la comodidad oficial u opositora son los mismos que han tolerado el abandono del territorio.

El resultado de esta potencial guerra de egos será un gobierno débil, carente de legitimidad y obligado a pactar para sobrevivir. El próximo gobernante podría arribar al poder con una votación lastimera, raspando apenas un mediocre 30 por ciento de los sufragios. Un mandatario minoritario significa más parálisis institucional, más reparto de cuotas en el Congreso del estado y menos soluciones para los ciudadanos.

Por último, resultaría aún más irónico que la salvación que el resultado de las elecciones dependa de quienes buscaron futuro en el extranjero. Las remesas de los migrantes sostienen gran parte de la economía estatal, en tanto los institutos políticos desplegarán millones de pesos en campañas que dejarán demasiado que desear, por no decir exactamente: casi nada. Pero, bueno, la moneda está en el aire, y ante la posibilidad de la pulverización partidista, la organización de la sociedad civil será el único contra peso real. Veremos.

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