Durante el Triduo Pascual, que inicia con la Cena del Señor la tarde del Jueves Santo, continúa con la conmemoración de la pasión y muerte de Cristo el Viernes Santo y culmina con la Vigilia Pascual la noche del Sábado Santo, las campanas de los templos católicos guardan silencio como señal de luto y recogimiento.
Esto ocurre porque las campanas son consideradas instrumentos de carácter festivo dentro de la tradición católica, por lo que durante estos días santos dejan de sonar para dar paso a un ambiente más solemne, propio de la pasión, muerte y espera de la resurrección de Jesucristo.
En su lugar, campaneros y sacristanes recurren al uso de las matracas, instrumentos de sonido seco y fuerte que se emplean tanto en momentos clave de la liturgia, como la consagración eucarística, como para llamar a los fieles a participar en la Santa Misa.
Esta tradición continúa vigente en muchas parroquias y catedrales de México durante los oficios de Jueves Santo y Viernes Santo, especialmente en la capital michoacana.
En Morelia, esta costumbre tiene una historia profundamente arraigada. Desde hace aproximadamente 170 años, las y los morelianos han acudido al exterior de la Catedral Metropolitana para escuchar el inconfundible sonido de la matraca, que acompaña una de las etapas más significativas de la Semana Santa.
Entre el Jueves Santo, el Viernes Santo, el Sábado de Gloria y el Domingo de Resurrección, este sonido seco y solemne se convierte en un recordatorio vivo de la tradición religiosa que aún perdura en la capital michoacana.