El panorama urbano de Morelia está lleno de múltiples realidades, de historias que muchas veces pasan desapercibidas entre el tráfico, el ruido y la rutina diaria. Historias de lucha, esfuerzo y supervivencia, como la de María Natividad Rangel Hernández, una mujer de 70 años que desde hace más de cuatro décadas sale a las calles de la capital michoacana para ganarse la vida tocando su trompeta en los semáforos.
Con su instrumento en mano y bajo el intenso sol moreliano, María convierte los altos del tráfico en pequeños escenarios improvisados donde interpreta melodías con la esperanza de recibir algunas monedas que le permitan llevar alimento a casa.
“Sí, yo toco esto desde ya hace como unos 50 años, 40 años. Yo tocaba esto antes, tocaba la tambora, los platillos. Yo antes tocaba con mi esposo, pero una vez enfermó y pues ya no está”.
La música, que antes compartía junto a su esposo, terminó convirtiéndose en su herramienta de trabajo y supervivencia. María reconoce que ante la falta de ingresos y las necesidades del hogar, no tuvo otra opción más que continuar en las calles para sacar adelante a su familia.
Actualmente, asegura que su principal motivación es poder apoyar a su nieto y a su padre, quienes dependen en gran medida del esfuerzo que ella realiza día tras día entre automóviles y semáforos.
Sin embargo, la edad y las largas jornadas no han sido el único obstáculo. María compartió que en varias ocasiones también ha tenido que enfrentarse a malos tratos y actitudes agresivas por parte de algunos conductores.
Aun así, el cariño hacia su familia es más fuerte que el cansancio, el calor o las dificultades que enfrenta diariamente.
Y es que trabajar en las calles ya representa un desgaste físico importante, pero las altas temperaturas registradas durante esta temporada han vuelto todavía más pesado su oficio.
Pese a todo, María continúa saliendo con su trompeta, aferrada a la idea de seguir adelante por las personas que ama.
La historia de María Natividad es la historia de una madre, una abuela y una hija que no se rinde; una mujer que convirtió la música en sustento y la necesidad en fuerza.
Porque Morelia también está hecha de historias como esta. Historias que muchas veces pasan frente a nosotros… esperando ser escuchadas.