Intérprete y compositora de música tradicional mexicana, además de profesora de enseñanza musical, radicada en Uruapan
Víctor E. Rodríguez Méndez, colaborador La Voz de Michoacán
Yunuén Bautista lleva en la piel diversos tatuajes que la describen con exactitud. Hay en ellos una forma expresiva que denotan ideas, sentimientos y emociones que le son significativos a ella: en el brazo izquierdo, dos flores de maque que representan a sus hijas, en medio de la inicial de su nombre como raíz que las envuelve, y más arriba el nombre de su mamá; un jaguar en el pecho como símbolo de un corazón que la hace fuerte; en el brazo derecho, a manera de pulsera, una frase de Nietzsche: “sin música, la vida sería un error”, además de un instrumento de cuerdas y la clave de sol, y un dibujo que le hizo su hija menor como sirena que toca con alma de petenera; también un corazón de maíz (le gustan mucho los corazones) y un Octagón enmascarado porque también le gusta mucho la lucha libre, además de un ancla en el pie, como para fijar su estadía en el piso y en las raíces que la conforman.
Intérprete y compositora de música tradicional mexicana, además de profesora de enseñanza musical, Yunuén se mira a sí misma como una maestra de música que trabaja día a día con el compromiso de “hacer las cosas bien y de que la gente, los niños principalmente, en momentos tan difíciles como los que vivimos actualmente en México, tengan otro lugar a donde voltear y que puedan ver que a través de la música se puede llegar a ser más sensible y mejores personas”.
Guadalupe Yunuén Bautista López es originaria de Uruapan (Michoacán), donde creció y comenzó sus estudios musicales a los 12 años. A los 18 fue a Morelia a estudiar música en la Escuela Popular de Bellas Artes. Estudió también la licenciatura en Psicología Educativa. Vivió en La Piedad, Zamora y en el sur de Veracruz, antes de regresar a Uruapan, donde radica desde hace siete años y se dedica a la docencia musical en nivel preescolar y en la Escuela de Iniciación Artística asociada al INBAL, además de ejercer la crianza de sus dos hijas y desarrollar su labor como intérprete y compositora.
El significado profundo de sus tatuajes (símbolos y metáforas que hablan de libertad, de amor y de su fuerza transformadora) habla, pues, del amor por su familia y su vocación musical, a la que prácticamente ha dedicado su vida desde sus estudios de primaria, combinada luego con la docencia, y así encauzarla hacia “lo que muchos queremos y soñamos que es el arte en la educación”, según dice en entrevista.
En ese sentido, para Yunuén todos los días son un constante desdoblamiento, lo cual le permite en estos momentos verse como “una mujer que ha logrado muchas cosas”, dice. “Siempre trato cada día de hacer algo bueno. Soy una mujer que trabaja, que es mamá y que quisiera tener más tiempo para crear más. Me veo como una mujer que tiene sueños y que ha tenido también dolores y sufrimientos, pero que son parte de la vida”.
Transmitir la belleza del canto tradicional
La intérprete y compositora nos cuenta que a finales del año pasado grabó con algunos de sus amigos varias canciones en el sur de Veracruz. De esas sesiones salió una canción suya que la ve como el inicio de un proyecto personal que la ilusiona mucho: un EP primero de cinco canciones. “La idea es que las canciones vayan saliendo poco a poco, como un proyecto personal. Mi idea es que lo que hago sea real, que no nada más se quede cuando canto, sino que la gente que quiero principalmente pueda verlo y yo después pueda recordar y decir: así cantaba o así era”.
Son canciones propias, señala, con arreglos propios. Se trata de música con estructura tradicional, pero con temáticas actuales. “Son canciones de amor, sobre mujeres, de todo esto que le sucede a una”, agrega. “De repente le metemos algo de fusión, pero tratamos de conservar las líneas de la música tradicional”.
Para el poeta, narrador y editor mexicano Magdiel Torres Magaña, la propuesta de Yunuén “no es sólo estética, sino ética y aquí radica la fuerza de su voz: la que pugna por el fuego nuevo (por otro lado, un guiño atinado hacia la cosmovisión purépecha), renovador, en donde la artista encuentra nuevos pasos para su canto inédito”.
En este sentido, Yunuén Bautista afirma que la música tradicional se entiende “desde diferentes lugares, sobre todo desde los pueblos y desde las comunidades que me ha tocado la fortuna de ir a visitar y a grabar, incluso a fotografiar algunas festividades de las comunidades purépechas”. Cree que la música tradicional “se vive de una manera y nosotros los turises, como nos dicen allá, también lo vemos de una manera respetuosa; creo que las músicas tradicionales tienen esa carga que nosotros podemos observar desde fuera”.
Y es que la herencia artística por parte de su familia paterna —músicos tradicionales de Paracho— le ha permeado hondamente en su espíritu musical. Guarda de manera especial el recuerdo infantil de las fiestas del Domingo de Ramos en Uruapan, a cuyo tianguis otras niñas y niños iban con sus padres a comprarles ollas y demás trastecitos como parte de un juego. Ella lo que verdaderamente disfrutaba eran los momentos de los conciertos del grupo Erandi que le impresionaban tanto que le llevó a pensar en dedicarse a la música.
Particularmente, señala, le gustaba cómo se veían los músicos como grupo, cómo tocaban y cómo se comunicaban, y cómo el público respondía a sus interpretaciones. “Entendí cómo a través de la música nos hacen sentir tantas cosas, los momentos que describen ellos; por ejemplo, en la época de lluvia, cómo al pasar por la carretera puedes ver los mirasoles blancos y cómo se pueden decir las cosas de lo cotidiano con la música, darnos cuenta de cómo son las personas y los lugares por medio de la música. Todo eso me pareció fascinante desde siempre”.
Todas esas impresiones, añade, intenta proyectarlas hoy en su calidad de intérprete, compositora y profesora. “Todo lo que una hace debe estar acompañado de un discurso; si no es así, no veo lo que hago como sólo nada más pararme y decir: miren, no canto tan mal. Cuando me decido a hacer las cosas de manera un poquito más formal en la música, a partir de un suceso o de un evento desafortunado en mi vida personal, me pregunto qué quiero decir o qué va a acompañar lo que voy a decir o a cantar. Lo intento y creo que sí he logrado transmitirlo hasta ahora”.
La música lo puede todo
Un momento revelador de su vida dentro del arte tiene que ver también con su papel de espectadora. A los 18 años, como estudiante de música, asistió a una presentación de Lila Downs en la Fábrica de San Pedro. “Para mí fue impresionante ver a alguien con los recursos del canto de la música académica emplearlos en las demás músicas y explorar, lograr cosas muy impresionantes también. Tuve la oportunidad de platicar con ella y le dije: ʻYo quiero cantarʼ, y ella me dijo: ʻPues canta, ¿qué te impide cantar?ʼ. Desde entonces, decidí estudiar coro para aprender a cantar, como hasta ahora. Y fue tanto el gusto y el amor que le agarré a cantar, que me cambié en la escuela a estudiar canto”.
Todo lo que siguió entonces fue un proceso de aprendizaje que al día de hoy la ha llevado no sólo a cantar, sino a enseñar a cantar, en su caso a niñas y niños de preescolar durante casi veinte años de manera ininterrumpida. “Hacerlos partícipes de las experiencias musicales como tales es mi propósito general”, asegura Yunuén. “La música es un medio maravilloso para cualquier cosa y, como dice la pedagoga musical argentina Violeta Hemsy de Gainza, todo el mundo tiene derecho a disfrutar de la música, es un derecho humano. Podemos decir, incluso, que es un privilegio, pero no lo es; todos deberíamos disfrutar del hecho musical, de aplaudir, de cantar una canción. Basándonos en eso y en lo que ellos son como niños y en lo que pueden hacer, hemos podido hacer cosas muy bonitas”.
¿Y el movimiento actual de mujeres dedicadas a la música? Yunuén Bautista habla al respecto y dice sentirse parte de ello desde su espacio y desde su labor artística, y como feminista que es, según dice. “Me tocó nacer y crecer en un tiempo en el que entre mujeres competíamos, desde lo físico hasta por un vato, pero creo que afortunadamente muchas asumimos la tarea de no quedarnos en eso”. Por tanto, añade, ella ha encontrado en ese movimiento, y en la música misma, un cobijo que muchas mujeres han buscado y encontrado. “Hemos podido reconocernos, no como competencia, sino como alguien igual a mí, que tiene muchas más similitudes que diferencias. El hecho de encontrarte con mujeres que también les ha costado, y también con mujeres que la han tenido más fácil, está muy bien porque hemos podido encontrar en el ambiente y en la respuesta de las personas ese respeto por lo que uno hace”.
Y reafirma: “Cada una de manera personal intenta crecer en ese sentido, aun en contra de los hombres que dudan de las capacidades de nosotras, y entre mujeres la respuesta es un poco diferente. Sí he visto un avance en cuanto a respetar el trabajo de nosotras, poco a poco, pero sí lo he visto”.
Vivir en Uruapan representa para Yunuén estar cerca de algunos lugares que le significan muchas cosas, como la Sierra, la Tierra Caliente o Morelia, además de que ahí está su familia, que la apoya y le ofrece la estabilidad necesaria. Como suele pasar en Michoacán, no siempre encuentra los suficientes espacios para presentar su trabajo musical. Sin embargo, producto de su labor como gestora en La Piedad, ha aprendido a buscar y propiciar esos espacios. “Es más trabajo, pero es parte de nuestra labor para no esperar que los apoyos lleguen solos”, según señala.
Como intérprete, dice Magdiel Torres Magaña, Yunuén ha buscado dentro de la música tradicional un sonido propio y particular, acompañada de guitarra o de jarana para el sonar de su música en forma de pirecuas o sones. A final de cuentas, según lo manifiesta la propia intérprete musical, “cantar es la forma que tengo y sé de amar mi vida y lo que me salva de todo y en la que entrego todo”.
Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.