Durante varios meses, Ilse Bruner y el colectivo Gertrudis Bocanegra impulsaron un proyecto de colecta para levantar un monumento y dignificar el lugar de fusilamiento de la independentista, mismo que fue rechazado en dos ocasiones

Hoy cumple 84 años Ilse Brunner Schoenemann, la alemana nacida en Berlín, quien declara con una alegre sonrisa: “soy patzcuarence de corazón”. Mujer con una historia de fuerza y disciplina muy alemana —herencia de la difícil época de la Segunda Guerra Mundial— también tiene el toque mexicano en su carácter abierto y confiado. Es madre de cuatro hijos y abuela de seis nietos que actualmente viven en el extranjero, pero también pasaron por Pátzcuaro en distintas etapas de sus vidas.

“Llegué a México en 1967, sin conocer a nadie, solamente con la dirección de un profesor de filosofía que hizo su doctorado en Munich. Se llamaba Dr. Bernabé Navarro Barajas. Lo busqué en la UNAM y me llevó a su departamento en el condominio Sears por la calle Observatorio”, recuerda Ilse. “Me dijo que no estaba bien visto que un hombre soltero viviera con una joven (tenía 25 años) y me llevó con una de sus hermanas, María de Jesús, quien me adoptó como su hija mayor. Sus seis hijos, de apellido Torres Navarro, se convirtieron desde entonces en mis hermanos mexicanos”.

Pero el destino quiso que Ilse no se quedara ni en la Ciudad de México ni en California, donde realizó su doctorado en Sociología de la Educación. Ella estaba destinada para Pátzcuaro, y Pátzcuaro para ella. Así, Michoacán ha sido su hogar, ya que cuenta que Carolina, su hermana mexicana, “se casó con un muchacho de Uruapan, de nombre Alejandro Rojas Corona, quien también me incorporó a su familia y ahora tengo seis hermanos más”.

En Pátzcuaro, Ilse trabajó en el extinto Centro de Cooperación Regional para la Educación de los Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), que como muchas instituciones en la actualidad, ha “desaparecido”, dejando un hueco insustituible en el corazón de Pátzcuaro.

El año pasado, tres eventos marcaron un hito en la vida de Ilse: el injusto conflicto laboral provocado en el CREFAL, la decisión de regresar a Alemania después de toda una vida en México y la entrega de la Presea Gertrudis Bocanegra.

Las grandes mujeres se reconocen y se apoyan entre sí. En su discurso de entrega de la presea, dijo: “Esta presea no es solo mía, es de todas las personas con las que he caminado, de las mujeres que luchan todos los días por un mundo mejor”. Sin duda Ilse es de esas mujeres y sabe muy bien, por experiencia propia, lo que es abrirse paso en la vida siendo mujer, madre, migrante.

Con ese vínculo con doña Gertrudis, abrazó la causa de difundir la vida y obra de esta heroína michoacana, quien nació hace 261 años en una época y una sociedad en las que las mujeres tenían un margen de acción limitado.

Sin embargo, tuvo acceso a la lectura y a ideas que circulaban en la época, vinculadas a la Ilustración. Pensadores como Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Diderot formaban parte de ese clima intelectual que cuestionaba el orden establecido y que hicieron mella en la vida de esta mártir. En 1784 se casó con Pedro Advíncula de la Vega, con quien tuvo hijos. Su vida era relativamente convencional hasta que, en 1810, con el inicio del movimiento encabezado por Miguel Hidalgo, tomó una decisión clave: apoyó la insurgencia y convenció a su esposo y a su hijo de sumarse a ella. Ambos murieron en 1811, tras la Batalla del Puente de Calderón.

Lejos de retirarse, Bocanegra continuó participando activamente. Fue mensajera y enlace entre insurgentes en las regiones de Pátzcuaro y Tacámbaro, transportando información, organizando recursos y facilitando la comunicación entre los grupos. En una etapa en la que el movimiento dependía de redes dispersas, su papel fue estratégico. Colaboró en la articulación de apoyos, aportando recursos, víveres y espacios de reunión, en un contexto en el que la insurgencia buscaba sostenerse frente a la presión realista.

En octubre de 1817 fue delatada, capturada, interrogada y torturada para obtener información sobre las redes insurgentes, pero se negó a declarar. Ese silencio irrompible constituye uno de los hechos más documentados de su biografía.

Fue condenada por traición y fusilada el 11 de octubre de 1817 en la plaza principal de Pátzcuaro. Testimonios señalan que, antes de morir, exhortó a continuar la lucha insurgente. Tras la Independencia, su participación fue reconocida de manera formal: en 1823 se otorgó apoyo a sus hijas. Sin embargo, su figura no alcanzó la centralidad de otros protagonistas del movimiento y es hasta ahora que resurge con más fuerza cada vez.

Regresando al presente, Ilse ha estado de visita en Pátzcuaro. Después de varios meses de haber regresado a su país natal. Vino a saludar a sus muchos amigos, y también a celebrar el natalicio de Gertrudis.

Su hija, la artista escénica Daphne Brunet, quien radica en Berlín dice: “Mi madre ama profundamente a México y, en particular, a Pátzcuaro; incluso más que Alemania. En muchos sentidos, se siente más en casa dentro de la cultura mexicana y entre su gente. Es una persona sumamente dinámica, con un don especial para involucrar a los demás: su entusiasmo es contagioso. Tiene una capacidad natural para impulsar ideas, dar vida a nuevos proyectos, apoyar la innovación y contribuir a resolver problemas comunitarios. Le inspira profundamente la manera en que los mexicanos construyen comunidad”. Cualquiera que conozca a Ilse sabe que esto es verdad. Su cercanía con la gente, su impulso por encontrar soluciones comunitarias y su amor por Pátzcuaro quedan claros en el legado que ha dejado en el CREFAL y en su vida personal.

Durante varios meses, Ilse Bruner y el colectivo Gertrudis Bocanegra impulsaron un proyecto de colecta para levantar un monumento y dignificar el lugar de fusilamiento de la independentista, mismo que fue rechazado en dos ocasiones. En un comunicado, el colectivo informó el pasado 11 de abril que "en el año 2025 se otorgó la XXXII Presea Gertrudis Bocanegra (reconocimiento a mujeres destacadas por su labor comunitaria) a una de las integrantes del colectivo Gertrudis, un grupo de mujeres que existe ya desde el año de 1994, cuyo propósito ha sido resaltar la vida y sacrificio de esta mujer que luchó contra la dominación colonialista. En agradecimiento a esta Presea que han recibido también otras integrantes del colectivo, decidimos dignificar el memorial de su fusilamiento que se encuentra en la Plaza Principal de la ciudad”. 

Y continúan explicando que, para ello, presentaron dos proyectos ante el INAH en Morelia y que ambos fueron rechazados. La institución argumentó en el último proyecto, que, por lineamientos nacionales, no deben colocarse nuevos monumentos en la plaza dedicada a Vasco de Quiroga y que existe un proyecto oficial en desarrollo. Paralelamente, desde agosto de 2025 el colectivo instaló mesas informativas para recaudar fondos y logró reunir un total de $54,100 pesos.

Con el objetivo de dar un uso adecuado a estos recursos, se propuso elaborar una placa de bronce con el relieve de Gertrudis Bocanegra, acompañada de un texto explicativo. Inicialmente se planeó colocarla frente al Antiguo Colegio Jesuita, donde se presume que fue sepultada; sin embargo, autoridades culturales de Patrimonio de la Secretaría de Cultura de Michoacán indicaron que primero es necesario confirmar históricamente el sitio exacto de su entierro antes de cualquier instalación.

Ante la negativa del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH, alias ¡Y, no!)y de la Secretaría de Cultura del Estado a la propuesta de un monumento o una placa, el colectivo expresa: “Nuestro propósito como colectivo es continuar buscando una solución justa y digna ante este nuevo impedimento".

Ilse, con su practicidad alemana, ante estos hechos decidió “irse por la libre”: donará de manera personal y vitalicia la cantidad de diez mil pesos anuales a la Escuela Primaria Gertrudis Bocanegra, para que se utilicen en actividades artísticas y académicas en las conmemoraciones del natalicio y del fusilamiento de la valiente Gertrudis. “Quiero que los niños recuerden siempre con cariño y admiración a Gertrudis, incluso cuando ya sean adultos”, dice Ilse.

“Si hay algo que siempre he admirado de ella, es su curiosidad interminable”, añade su hija, Daphne. “Busca constantemente aprender, explorar y vivir nuevas experiencias. Tiene una capacidad poco común de asombro ante el mundo; nunca deja de maravillarse de la vida”. Y concluye con un dato interesante: “Qué curioso todo esto, porque su madre, mi abuela, también se llamaba Gertrudis: Gertrud Schoenemann”.

Erandi Avalos, historiadora del arte y curadora independiente con un enfoque glocal e inclusivo. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Sección México y curadora de la iniciativa holandesa-mexicana “La Pureza del Arte”. erandiavalos.curadora@gmail.com