Recientemente la misión Artemis II de la NASA se prepara para alcanzar uno de sus momentos más importantes con el sobrevuelo de la cara oculta del satélite natural, donde sus astronautas también romperán el récord de mayor distancia alcanzada por seres humanos respecto a la Tierra.
Durante este punto del trayecto, la nave Orión superará los 400 mil kilómetros de distancia desde la Tierra, rebasando el récord establecido por la misión Apolo 13 en 1970. En esta fase, la gravedad lunar se convierte en la fuerza dominante que guía la trayectoria, permitiendo que la nave siga un rumbo de retorno libre hacia el planeta —como un boomerang—.
Previo al sobrevuelo, los astronautas realizaron una maniobra de corrección de trayectoria que duró 15.5 segundos, además de pruebas con los trajes espaciales diseñados para protegerlos en situaciones críticas, como pérdida de presión o durante el amerizaje.
La tripulación integrada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, también llevó a cabo ensayos de movilidad, revisiones de seguridad y pruebas para alimentarse e hidratarse mientras portaban los trajes, como parte de los preparativos para las fases más exigentes de la misión.
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Durante el sobrevuelo lunar, los astronautas podrán observar tanto la cara visible como la cara oculta de la Luna, incluyendo zonas de interés científico como Mare Orientable, una cuenca de impacto que no ha sido observada completamente por el ser humano. También tendrán una vista privilegiada de antiguos sitios de alunizaje de las misiones Apolo.
En esta etapa se prevé un periodo de “silencio de radio” de aproximadamente 40 minutos, cuando la nave pase por la cara oculta del satélite, además de una aproximación de poco más de 6500 kilómetros a la superficie lunar. Posteriormente, la misión continuará su trayecto mientras los astronautas presencian un eclipse solar, uno de los fenómenos más singulares del viaje.
Este hito marca un avance clave en el programa Artemis, con el que la NASA busca retomar la exploración tripulada de la Luna y sentar las bases para futuras misiones hacia Marte.
Fuente: La Jornada