Ciudad de México

La madre de Pablo Ríos Buenrostro, el adolescente de 15 años que murió el 8 de febrero pasado cuando le explotó una mina en el plantío de limones en Santa Ana Amatlán, municipio de Buenavista, Tomatlán, Michoacán, pidió que el Gobierno mexicano quite las minas de las huertas de limón.

“Quiero que quiten las minas para poder recoger los más pedacitos que hay de mi hijo, recogerlos y ponerle la cruz de mi niño donde murió”, dijo frente a la Embajada de EU, a donde llegó para pedir asilo.

La señora Mayra Alejandra Buenrostro solicitó también que las autoridades se disculpen por la criminalización que hizo de su hijo y del otro jornalero que murió en la misma explosión, José Luis Ramírez, de 43 años, que en una semana iba a casarse.

“Sólo hablaron de mi niño y atacaron su memoria. Hubieran ido conmigo a preguntar por qué murió y a qué se dedicaba”.

Y añadió:

“Ni la presidenta de México, que es madre, fue buena para decir, oiga, lo siento mucho, cuenta conmigo, nada”, sostuvo, al mismo tiempo que dijo tener miedo de que las autoridades tomen represalias.

Según versiones, la FGE informó que una de las líneas de investigación sobre el caso de la muerte de dos personas tras estallar una mina “pudiera sugerir que no necesariamente son víctimas” y que la explosión se debió a la manipulación intencional del artefacto explosivo.


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