Uruapan, Michoacán

Durante los últimos cuatro años, Miguel Ángel Espinoza ha recorrido las calles de 18 colonias de Uruapan con un solo objetivo: dejar su granito de arena en la reducción de la contaminación, educar a las futuras generaciones y mejorar su entorno. Pero su trabajo no termina cuando recoge una bolsa de basura: también enseña a las familias a separar los residuos antes de que lleguen al camión.

En su casa, cuenta, bastaron dos o tres días para que su familia aprendiera a distinguir entre los residuos orgánicos y los que pueden tener otro destino. Lo que comenzó como una tarea doméstica terminó por convertirse en parte de su rutina laboral.

“Es sencillo”, resume.

Espinoza asegura que la recolección diferenciada ha reducido la cantidad de residuos que debe manejar el municipio y también los riesgos para quienes participan en la recolección.

Entre los materiales que pueden representar un peligro menciona agujas y otros desechos que, cuando llegan mezclados, obligan a los trabajadores a manipularlos sin conocer su contenido.

En cuatro años, afirma, no ha sufrido accidentes durante las labores de recolección.

La separación también permite que los residuos orgánicos tengan un segundo uso. El material recolectado puede destinarse a la elaboración de composta, que después puede regresar a las familias para utilizarse en plantas y jardines.

“Es buena la recolección separada”, señala Espinoza.

La práctica también empieza dentro de los hogares. De acuerdo con su experiencia, separar los residuos permite mantener los espacios con menos basura expuesta y reducir la presencia de moscas y roedores.

La capacitación forma parte de su trabajo cotidiano. Además de participar en la recolección y supervisar el proceso, Espinoza orienta a las personas que buscan aprender cómo separar correctamente sus residuos.

Dice que todos los días una o dos personas se acercan para pedir información.

La escena se repite: una duda sobre dónde colocar un residuo, una explicación sobre la separación y, después, la incorporación de una nueva práctica en casa.

Para Espinoza, el cambio no requiere una transformación compleja. Empieza con una decisión doméstica: separar los residuos antes de sacarlos de casa.

“Me tomó dos o tres días enseñarle a mi familia”, recuerda.