El “Códice Techialoyan García Granados” se compone de seis grandes porciones donde se representaron los antiguos linajes de Azcapotzalco, Tenochtitlan, Tlatelolco y Acolhuacan
Ricardo Carvajal Medina, colaborador La Voz de Michoacán
El Oriente de Michoacán es una región con un pasado remoto que se pierde en la oscuridad de los tiempos. Por los vestigios arqueológicos sabemos que fue habitado por diferentes culturas a lo largo de su milenaria historia; y por las fuentes históricas, sabemos que estuvo poblada por grupos de diferente origen étnico y lingüístico, como lo fueron: toltecas, otomíes, matlatzincas, mazahuas, pames, tarascos y nahuas. El Oriente de Michoacán es una región conformada hace más de 500 años, después de la Batalla de Taximaroa-Charo acaecida en el año 1476, cuando los tarascos proporcionaron senda derrota a los mexicas y se estableció la frontera entre Michoacán y México, que perdura hasta nuestros días.
Las fuentes del centro de México proporcionan algunos datos sobre la historia más remota del Oriente de Michoacán, que se relaciona con la civilización tolteca; uno de estos documentos es el “Códice Techialoyan García Granados”. Se conoce como “códices Techialoyan” a un conjunto de más de cincuenta pictografías coloniales poseedoras de un estilo gráfico común, provenientes del Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala y Morelos. Estos documentos dan noticia del lugar de origen de los fundadores de los pueblos, de sus caudillos, sus conquistas, lugares de establecimiento, parejas primigenias que dieron origen a los linajes locales, la repartición de tierras, la conquista y evangelización, así como los linderos del pueblo. Fueron elaborados entre los siglos XVII y XVIII, y su confección y distribución se debe principalmente a don Diego García de Mendoza Moctezuma, cacique de Tezontepec, Estado de Hidalgo, quien reinterpretó el pasado prehispánico de diferentes pueblos, para reivindicar derechos y privilegios ante la Corona española.
El “Códice Techialoyan García Granados” es el más importante de los códices Techialoyan. Es una tira de papel amate, que mide 674 cm de largo por 49.5 cm de ancho. Está pintada por ambos lados y tiene algunas aplicaciones de oro; presenta conjuntos glíficos de tradición indígena, ilustraciones del mundo europeo y glosas con caracteres latinos en lengua náhuatl. Probablemente este códice perteneció a la colección de Lorenzo Boturini Benaducci en el siglo XVIII; en la segunda mitad del siglo XIX fue extraído de México y fue a parar a las manos del librero francés Emile Dufossé. En 1907 el códice fue comprado por Alberto García Granados, quien lo donó al Museo de Arqueología, y en homenaje se le asignó su nombre al códice; actualmente se resguarda en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
El “Códice Techialoyan García Granados” se compone de seis grandes porciones donde se representaron los antiguos linajes de Azcapotzalco, Tenochtitlan, Tlatelolco y Acolhuacan, conformando una demostración de antigua legitimidad de los linajes de “pipiltin” o nobles indígenas, ligados a gobiernos de pueblos (“tlatocayotl”) en la época colonial y sus antiguos dominios. Los pueblos representados se encuentran en las tierras disputadas por las cabeceras políticas del Altiplano durante el Posclásico Tardío (1200-1521): Tenayuca y/o Tetzcoco, Azcapotzalco y Tenochtitlan.
En la sección A-1 del “Códice Techialoyan García Granados”, se representó a Xólotl, el gran caudillo chichimeca que dio origen al linaje acolhua, junto a su mujer noble, mencionada en otras fuentes como Tomiyauh. Xólotl y su gente provenían de algún lugar norteño y hablaban alguna lengua otopame, arribaron a la cuenca de México tras la caída de Tula hacia el año 1150. El hijo de Xólotl, llamado Nopaltzin, se encargó de recorrer los contornos del Altiplano Central y tomar posesión del territorio, que estaba habitando por los descendientes de los toltecas. De hecho, fray Juan de Torquemada mencionó que Nopaltzin se casó con una princesa tolteca llamada Azcatlxochitl, descendiente directa de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, que fue criada en secreto en Tlaximaloyan. Con esta acción, los chichimecas lograron emparentarse con los toltecas para legitimar su conquista de extensos territorios, que gobernaron desde su capital, Tenayuca, y repartieron tierras a otros chichimecas que arribaron.
De Xólotl y Tomiyauh se desprende una línea roja que indica parentesco con diversos personajes que fueron vasallos o descendientes de los chichimecas; uno de estos personajes es un “tlatoani” (“el que habla”, gobernante), a su derecha se encuentra el glifo “tepetl” (“cerro”) con las glosas “tlaximaloyan” y “altepetl” (“cerro-agua”, ciudad), que corresponde actualmente con Ciudad Hidalgo, el único topónimo michoacano registrado en el “Códice Techialoyan García Granados”. Este asentamiento estaba poblado por otomíes y fue muy importante en la época prehispánica, pues ahí los tarascos construyeron una fortaleza con murallas de madera que medían 3.8 m de altura, para defender la frontera de los mexicas después de 1476. El topónimo náhuatl “Tlaximaloyan” significa “Lugar de carpinteros”; en matlatzinca se nombró “py buchaxi”, que también significa “Lugar de carpinteros”; en otomí se le conoció como “Yoxeaxi”, que se traduce como “Carpinteros”. Por su parte, el topónimo tarasco de “Taximaroa” no ha podido traducirse con certeza, a pesar de que fue el que sobrevivió durante la época colonial.
El “tlatoani” se representó sentado en un “tepotzoicpalli” o asiento con respaldo. En la cabeza porta un “xiuhuitzolli” o diadema de turquesa. Su rostro se representó con barba; el torso está cubierto por una tilma café; en la mano izquierda porta un cetro dorado con tres puntas; y en los pies porta “cactli” o sandalias. Al lado superior izquierdo del personaje, se representó su glifo onomástico que no ha podido ser traducido, y parece que se compone de ¿cabeza de ave?, ¿tambor vertical? Dado que este “tlatoani” está asociado directamente al caudillo chichimeca Xólotl, y que el hijo de este, Nopaltzin, se desposó con la princesa tolteca Azcatlxochitl, que según Torquemada se crió en Tlaximaloyan; por lo que, muy probablemente, el personaje dibujado represente a un “tlatoani” tolteca que gobernó en la antigua Ciudad Hidalgo, hacia el siglo XII. Esto nos da indicios de la presencia tolteca en Michoacán y su relación con el altiplano central antes de la conformación del “Tzintzuntzan Irechequa” o Estado tarasco.
Ricardo Carvajal Medina, es historiador y filósofo por la UMSNH; actualmente se encuentra estudiando la Licenciatura en Derecho en la misma institución. Se ha especializado en el pasado michoacano, poniendo el acento en la cultura tarasca y la guerra amerindia. Ha presentado trabajos en encuentros, seminarios, coloquios y congresos; impartido varios talleres, y publicado ensayos, artículos y capítulos de libro. Recientemente ha participado en documentales y reportajes del SMRTV. Es miembro cofundador de Mechoacan Tarascorum.