Es reconocida por ser una poeta de grandeza, de gran originalidad. Desde muy temprana edad mostró poseer una voz modulada por el efecto del verso musical que terminó por caracterizar buena parte de su personalidad.

Rafael Calderón

En el contexto de las fechas, ahora recuerdo que se cumplen 80 años de que murió Concha Urquiza y señaló que falleció lejos de la ciudad de Morelia, misma que la había visto nacer en 1910. Aquel día es un suceso trágico en las letras mexicanas al ahogarse en el mar, cerca de Ensenada, Baja California Norte, el 20 de junio de 1945. Pero leer su obra en verso y prosa es el mejor homenaje que podemos rendirle, aun cuando la mayor parte de su poesía para aquel año quedaba inédita y dispersa o regalaba en copias algunos de sus poemas a sus amigos más íntimos. Nunca en vida se preocupó por reunir ni ordenar –como hace saber su primer editor, Gabriel Méndez Plancarte–. Es así que considero que el homenaje para esta ocasión es el poema “El reintegro” y señalar resulta excepcional su lectura, no por una, sino varias veces, beber la fuente de su poética y reiterar que su nombre en la tradición de la poesía mexicana, con este y el conjunto de sus poemas, es una poeta inconfundible.

Poema “El reintegro”, de Concha Urquiza

“¡Ah, por los curvos pechos de una mujer morena!”
entre el obscuro grupo se lamentó una voz:
“¡por los trémulos pechos, y por la cabellera
trémula, y la garganta ceñida de temor!”

Sobre el silencio breve
–¡Y como una mujer rendida!
En el recuerdo, y en la esperanza, y en augurio tendí mi voz;
¡ah, por los curvos pechos de una mujer morena,
por la garganta obscura, ceñida de temor!

Tal vez vagaba, ¡oh dioses! Tal vez vagaba un día
por húmedas callejas, detrás del claro sol.
Más allá de los vientos, más allá de la ría,
más allá de los ecos que desflora el dolor.
O tal vez en la fresca luz del alba rendida,
en un pueblo iracundo, detrás del claro sol;
o en el joven regazo de la noche, una vida
que dispersara, aún joven, un viento de dolor.
Con los ojos abiertos en el seno estrellado
de la noche, vagaba,
vagaba como un eco la paz del corazón;
y así por vez primera la vi,
¡divina hora que nunca fue en la tierra,
que será para siempre dentro de mí!
Ancló en ella la paz del corazón…
Lacio el cabello, sobrio el gesto, virgen la vida;
entre el dorado hechizo de su rostro, la boca,
pálida, se apaga
como la tierna llama de una lámpara
bajo el fuego del sol;
y se inmortalizaban, castaños, encendidos,
los ojos –tibias mieles de un lánguido panal.
Ojos tristes, y manos estrechas, virginales,
convulsivas, sensuales,
¡y mías!,
¡oh, manos de Ruth, que espiga obscura
espigar!
Manos apocalípticas que clavan en el muro
El “Mane Thecel, Phares” que tronchará las frentes
pálidas de pecar.
Dulce mujer humilde, morena, triste, mía,
déjame que en la sombra te estreche todavía,
y que lloren mis ojos, ¡y que te hagan llorar!
“Nada existe en el mundo sino tus curvos senos
cuando abriendo los brazos, fecundos y serenos,
haces que ellos me invadan y me ahoguen como un mar!”

Es reconocida por ser una poeta de grandeza, de gran originalidad. Desde muy temprana edad mostró poseer una voz modulada por el efecto del verso musical que terminó por caracterizar buena parte de su personalidad. Su escritura de poemas emerge de las fuentes clásicas; otras veces, bebe con el idioma del español el añejo del romanticismo y la musicalidad del modernismo. Para precisar parte de su presencia, es necesario anotar las coordenadas de su biografía, destacar el lugar que ocupa su propia personalidad dentro y fuera de su obra. Es una autora que se quemaba entre dos fuegos –como señaló Rosario Castellanos–: el de la inteligencia y el fervor religioso; como bien lo sentencia José Vicente Anaya, es una orquídea en el desierto.

En la poesía mexicana, Concha Urquiza es una de las mentes más inteligentes y apasionadas que han existido. Empieza a escribir muy joven, siendo aún niña; publica sus primeros poemas a edad muy temprana, tanto en periódicos como en revistas. Mientras tanto, es Jesús Romero Flores quien por primera vez la incluye en una antología y esa no es otra que aquella que lleva por título Literatura de Michoacán de 1923; por entonces había sido su maestro y la reconoció. Antes de los 15 años publicó en Revista de Yucatán, Revista de Revistas y El Universal Ilustrado; Juan de Siena se detiene en 1922 a comentar unos versos de ella en su columna de El Universal. Pero cabe preguntarse al llegar hasta aquí: ¿es verdad que escribía poemas a los once años? “Noche azul” es el poema que escribió a edad muy temprana, el que confirma esta interrogante como prueba de su escritura, publicado en el Universal Ilustrado el 20 de junio de 1922. Es una coincidencia esta fecha con la del 20 de junio de 1945 y señalar que es curioso que en ese periodo de 23 años escribe casi todos sus poemas y precisar que muy temprano también le sobrevino la muerte cuando rondaba solamente los 35 años.

Hay que recordar que los poetas religiosos de México corresponden a una generación que en su mayoría nació o radica en Michoacán. De entre estos, Concha Urquiza es una presencia excepcional y por momentos brillante. Para dar el salto, explorar y confirmar esa originalidad de la poesía y revelar el encuentro con autores clásicos castellanos. Esta generación de poetas entre uno y otro no se repite, sino que, por ejemplo, Concha sintetiza su propio rigor. Aun cuando el punto de partida es la poesía religiosa, se extiende a explorar temas como el erotismo y revela en su escritura esa sensualidad descarnada que refleja en sus versos. Contribuye a renovar la poesía, la reinventa y la confirma con un alto rigor en sus poemas. Estos referentes inequívocamente llevan al encuentro con su poesía y su propia precocidad literaria inicia con la lectura de los clásicos griegos y latinos, pasando por los clásicos en lengua española y los autores del Siglo de Oro, y lee a poetas como San Juan de la Cruz, fray Luis de León y Santa Teresa. Traduce la Égloga V de Virgilio; lectora apasionada de la Ilíada y la Odisea de Homero, se apasiona con El Quijote de Cervantes. Los que la conocieron aseguran que le gustaba obsequiar entre sus amigos y conocidos ejemplares de este. En ese ambiente emerge su voz sin corriente literaria ni escuela o grupo generacional. Es, en realidad, un torrente desde la poesía que refleja al escribir indistintamente sonetos, romances y canciones, tercetos, liras y otras combinaciones estróficas. Explora con pasión temas como el amor, los paisajes michoacanos, el retorno a la ciudad, pues “Concha manejaba con extraordinaria maestría y en las que supo volcar –con arte exquisito– su tesoro poético: todo el amor doloroso y todas las angustias llameantes de su alma lacerada por la quemadura incurable de Belleza”, como precisa Méndez Plancarte. Escribe sobre la noche y el erotismo con una seducción que convierte en prolongada búsqueda y explora con pasión descarnada por medio de la poesía los temas religiosos.

Después de todo, hay que lanzar la pregunta: ¿cómo presentarla en la tradición de la poesía mexicana del siglo XXI? Por su condición, por su escritura encantadora, naturalmente, Concha Urquiza es nuestra abuela soltera de la poesía mexicana. Y por sus poemas, además, hay que seguir la senda y preguntar de ella a la manera de Homero, pero con un verso tomado de la Odisea: “¿Quién te ha herido en la divina noche?”. Pues es una “orquídea en el desierto”, aplicando para ella la frase acuñada por José Vicente Anaya.

Es parte de los autores que nacieron en el periodo de la Revolución mexicana, apenas terminada ésta. Son los que coinciden y empiezan como ella a escribir y publicar sus poemas. Concha, sin duda, coincide por edad y precocidad con los contemporáneos y el grupo del estridentismo que inició la renovación más drástica y escandalosa de la historia de la poesía y de la literatura mexicana en la segunda década de los años del siglo XX.

Es a partir de 1946 que surge un primer análisis de sus poemas que refleja de inmediato o de modo exaltado su grandeza y arroja luz sobre su personalidad como parte de una ardiente llamarada entre el amor, el erotismo y la exploración de los temas religiosos. Por primera vez, su obra literaria fue publicada por Gabriel Méndez Plancarte con el título Obras. Poemas y prosas (bajo el signo de Ábside, 1946). Es una edición en papel Biblia, con pastas de piel, impresa con una fina tipografía; una edición elegante, como casi todas las que publicó el erudito zamorano, acompañada de un prólogo riguroso que tiene las veces de un tino filológico y, en su acercamiento, reconoce una trayectoria visible por la compilación bibliográfica y la reunión de la obra inédita.

Este primer estudio que presenta casi toda su obra sigue siendo referencia entre lectores, estudiosos e investigadores. La edición llamada canónica registra a lo largo de los años varias reimpresiones con algunas variantes: en Guadalajara, en 1971, Rebeca Bucheli Quintero lanza “Unas palabras de amistad”, seguidas del prólogo del zamorano, y anota que es la segunda edición con el título Poesías y prosas. La editorial de Jus imprime una edición facsimilar en 1977, señalando que es segunda edición, y reproduce íntegro el prólogo de Méndez Plancarte, pero no así las guardas de piel; ahora es una cartulina bella y pulcra (podría ser en realidad la tercera edición). La cuarta edición es tomada de la de Guadalajara y se publicó en Morelia con el magnífico título Hambre del corazón (2010), que reproduce el prólogo de Méndez Plancarte; incluye las palabras de amistad de Rebeca Bucheli y la novedad de una presentación al frente de la autoría de Margarita León Vega: “Una poesía y un editor de antología”, para conmemorar el primer centenario del nacimiento de la poeta moreliana que nació en la Calzada de Fray Antonio de San Miguel número 166 y medio.

Varias son las antologías que difunden su presencia a partir de 1946. Algunas resultan excepcionales, como la de Antonio Castro Leal, que inauguró la Galería Lírica Americana como primer volumen de la colección “Poesía de América”, e incluye el prólogo de Méndez Plancarte y, como novedad, el facsímil manuscrito del poema “Al olor de tus aromas”; en la colección “Poesía” de la editorial Jus, que presenta Alejandro Avilés; Nostalgia de Dios, por Ricardo Garibay; El corazón preso quizás sea la compilación de poemas que mayor relevancia para la segunda mitad del siglo XX y que sumó en un tiempo récord muchísimos lectores con presentación de José Vicente Anaya. Una antología en su ciudad natal remonta su presencia al año de 1995 como un intento formal de edición con la Universidad Michoacana que promovió el editor José Mendoza Lara, y esta antología finalmente se consolida a través de la editorial Jitanjáfora en 2006, en coedición con la Secretaría de Cultura de Michoacán, lleva por título Junio, de lluvia vestido, que presenta y selecciona José Antonio Alvarado. Tema aparte o excepcional es Nostalgia de lo presente (Jitanjáfora, 2013), que incluye por primera vez todos los poemas dispersos o poco conocidos hasta el año del centenario.

Y de esta hay que recordar que “El reintegro” es un poema analizado previamente y en partes por Margarita León Vega y María Teresa Perdomo y que en esta compilación ya está presente. Es el poema que deja de ser inédito y ahora está accesible no solo para especialistas, sino también para el común denominador de los lectores. Así que, al llamar la atención con el poema “El reintegro”, que es parte de este homenaje, hay que proceder a aclarar que el título El reintegro, en realidad, es un texto más amplio en prosa, que tiene 179 páginas y que estuvo en poder de José Cardona y del cual fue entregada una copia al Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1972 por José Rojas Garcidueñas. Por todo esto es que el poema se conservó inédito, sin título, y es un poema que consta de 45 versos y está dividido en tres partes. Las dos primeras estrofas, de cuatro y cinco versos, respectivamente, la tercera, compuesta por 36. Es el único poema que comprende esta obra en prosa que fue fechada dos veces: el 15 y 18 de octubre de 1933. Es decir, cuando su autora tenía 23 años. Hoy día figura integro en Nostalgia de lo presente. Poemas 1921-1945 de Concha Urquiza que compilé y se publicó por jitanjáfora Morelia Editorial.

Rafael Calderón (Morelia, Mich, 1976). Ha publicado poesía y ensayo. Es autor en ensayo de Pablo Neruda en Morelia (2024) y en poesía Recuento de Estos días (2024) y tiene en proceso de edición El turno y la presencia. 200 años de poesía en Michoacán 1825-2025, por Centzontli Pájaro de cuatrocientas voces.