¿Fue una mentira propagandística la lucha que hizo el gobierno de López Obrador para erradicar el huachicoleo de combustibles?
Lo primero que hay que decir es que este delito, claramente operado por mafias muy poderosas, le fue heredado del gobierno de Peña. Aquella administración no escondió el problema e incluso le puso cifras. En 2018, Pemex estimó que las pérdidas al erario alcanzarían hasta 60 mil millones de pesos por el robo de combustibles.
Estamos hablando de un negocio muy apetitoso para la delincuencia organizada que, sin duda, contaba con la colaboración de funcionarios dentro de la empresa petrolera quienes alertaban a los criminales cuándo pasaría la gasolina por ductos “picados” con tomas clandestinas donde se extraía el combustible robado.
Llegó López Obrador y una de sus primeras acciones fue anunciar una estrategia para combatir el huachicoleo. Se decidió el cierre estratégico de varios ductos a lo largo del país que eran habituales objetivos de los ladrones. Esto desató un desabasto importante de gasolinas en varias regiones del país (Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro y Estado de México).
La maquinaria publicitaria de AMLO se puso en marcha. Ante las largas filas en las gasolineras y en algunos casos el cierre temporal de estaciones por falta de suministro, el gobierno apeló al nacionalismo de los consumidores. La gente tenía que ser solidaria con su país que estaba combatiendo a las mafias que se robaban un recurso de la nación.
Vale la pena mencionar que, por aquellas épocas, apareció en la prensa versiones de que, en realidad, la crisis de combustibles se debía a que el nuevo gobierno no había planificado bien la compra de gasolinas en el extranjero y, ante este error, se había inventado la lucha contra el huachicol.
El abasto eventualmente se repuso y, según las encuestas de aquella época, la real o presunta lucha en contra del huachicol le funcionó bastante bien al gobierno en la opinión pública. La popularidad de AMLO creció. La gente mayoritariamente apoyó las medidas, aunque hayan generado desabasto.
De ahí en adelante, López Obrador declaró la victoria del Estado.
Al hacer un balance del primer año de su gobierno, el Presidente afirmó “que el problema estaba prácticamente controlado”. Luego, en varias ocasiones en su sexenio, declaró que, gracias a las acciones de su gobierno, el huachicoleo había disminuido de manera considerable, mencionando, incluso, cifras específicas sobre la reducción del volumen diario de gasolina robada.
De la revisión que hice de las declaraciones de López Obrador, hay que reconocer que en varias ocasiones también advirtió que el huachicol no estaba completamente erradicado.
Cualquier viajero por las carreteras de México podía atestiguarlo. En la autopista Ciudad de México-Querétaro, por ejemplo, en lugar de desaparecer, proliferaron las estaciones de abastecimiento ilegales de combustible robado. A la vista de todos se vendía el producto ilegal en una carretera vigilada por patrullas de la Guardia Nacional que no hacían nada para clausurarlas.
Según una nota de Reforma de agosto del año pasado, al inicio del gobierno de AMLO, “las acciones contra el robo de combustible lograron reducir las pérdidas de 3 mil 396.1 millones de litros al cierre de 2018, a sólo 378.1 millones de litros en 2019, pero poco a poco fue aumentando y ahora la ordeña de 2023 equivale a la registrada en 2016, cuando sumaron mil 626.5 millones de litros”.
Regreso, entonces, a mi pregunta original: ¿fue una mentira propagandística la lucha que hizo el gobierno de López Obrador para erradicar el huachicoleo de combustibles?
Los números dicen que, en un principio, sí hubo una disminución importante. Luego, en el ambiente permisivo de la estrategia de “abrazos no balazos”, los controles se relajaron y el problema regresó.
Con fuerza, de tal manera que ahora el nuevo gobierno también ya le está dedicando recursos a solucionarlo.
Esta semana se anunció un operativo en un predio de Baja California, propiedad de un ex senador de Morena, donde hallaron un complejo industrial dedicado al huachicoleo, muy cerca de un ducto de Pemex. En el lugar había ocho millones de litros de combustibles.
En el puerto de Altamira, Tamaulipas, las autoridades confiscaron un buque que traía diez millones de litros de gasolina ilegal. Así se reconoció, por primera vez, una nueva modalidad de huachicoleo que ya se conocía desde el sexenio pasado: el ingreso de gasolinas que son más baratas en Estados Unidos y que entran como otros productos para no pagar los impuestos respectivos. El llamado “huachicoleo fiscal”.